TRATAMIENTOS CON TOXINA BOTULÍNICA

 

La toxina botulínica de tipo A es uno de los tratamientos de medicina estética más demandados para la eliminación de arrugas. Sin embargo, los tratamientos con toxina botulínica para el rejuvenecimiento facial son solo una de las numerosas aplicaciones médicas de este producto, que destaca por ser seguro y eficaz y por ofrecer resultados visibles de manera inmediata y duradera.

BENEFICIOS DE LA TOXINA BOTULÍNICA EN LABIOS, FRENTE Y ENTRECEJO

 

Reduce el envejecimiento

El tratamiento con toxina botulínica permite reducir o eliminar los signos del envejecimiento del rostro, por lo que es una buena alternativa al lifting quirúrgico. Aunque no existe ninguna restricción, se recomienda su aplicación en hombres y mujeres de entre los 20 y los 65 años para evitar riesgos innecesarios y obtener unos resultados óptimos.

Rápido

Las inyecciones de toxina botulínica se administran en menos de 5 minutos y son prácticamente indoloras, ya que con la aplicación de frío y un anestésico tópico se elimina la sensibilidad. Una vez finalizado el tratamiento, el paciente puede regresar a casa de inmediato y hacer vida normal.

Sin efectos secundarios

Otro de los beneficios de la toxina botulínica es que, mediante las infiltraciones de esta toxina, se evitan los efectos secundarios propios de otros tratamientos, como hematomas o inflamación. Entre las recomendaciones más habituales para los días posteriores a la infiltración, están la de no tumbarse durante las 4 horas posteriores al tratamiento ni tocar la zona tratada. Los primeros efectos serán visibles entre 24 y 72 horas después, aunque el resultado final puede tardar hasta 5 días en llegar.

Larga duración

Por lo general, los efectos de la toxina botulínica tienen una duración de entre 5 y 6 meses. Transcurrido este período, es posible repetir la aplicación de la toxina con regularidad. Además, este tratamiento se puede combinar con otros tratamientos de medicina estética, como el peeling facial o la radiofrecuencia facial.

Atención profesional

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¿QUÉ ES LA TOXINA BOTULÍNICA?

La Clostridium botulinum o toxina botulínica es una bacteria natural y una neurotoxina que actúa sobre el sistema nervioso. Aplicada en pequeñas dosis, relaja y paraliza los músculos, previniendo su contracción a través del nervio adyacente.

Aunque los tratamientos con toxina botulínica se han generalizado en los últimos años, está técnica lleva varias décadas empleándose en el ámbito de la medicina. La primera vez que se utilizó fue en los setenta, cuando un oftalmólogo de San Francisco, Alan Scott, recurrió a la toxina botulínica para tratar a un paciente con estrabismo.

Su uso no tardó en extenderse a otros campos de la medina y, ya en la década de 1990, comenzó a emplearse también con fines estéticos. Este descubriendo corresponde a la doctora Jean Carruthers, quien, tras administrar toxina botulínica a un paciente para corregir la contracción del párpado en 1987, se percató de que desaparecían las arrugas del entrecejo y las patas de gallo. Este hallazgo fortuito hizo que, tras varios años de investigación, la toxina botulínica empezará a aplicarse como tratamiento antiedad.

En la actualidad, la toxina botulínica se utiliza en más de 70 países, donde ha demostrado su eficacia, comodidad, efectividad y seguridad. En el caso de España, se emplea con éxito desde 2004.

¿PARA QUÉ SE UTILIZA LA TOXINA BOTULÍNICA?

En la actualidad, la toxina botulínica cuenta con más de una veintena de usos médicos: desde combatir la hiperhidrosis —o sudoración excesiva— hasta evitar las migrañas, los espasmos o la incontinencia urinaria en personas parapléjicas, si bien es conocido principalmente por ser un efectivo tratamiento de rejuvenecimiento facial.

Dentro del mundo de la medicina estética, la toxina botulínica se administra a partir en una solución salina y es inyectada en el tejido neuromuscular. De esta forma, las arrugas de expresión desaparecen, ya que la piel del rostro no se puede contraer.

La toxina botulínica es una alternativa a la cirugía estética cada vez más solicitada, tanto por su precio —resulta más económico que un lifting facial— como por la seguridad y comodidad que ofrece, ya que permite que el paciente no tenga que entrar en el quirófano ni pasar el tiempo de recuperación correspondiente.

Para este tipo de tratamiento de medicina estética, es necesario que lo lleven a cabo únicamente profesionales médicos cualificados y con experiencia, lo que evitará los efectos secundarios derivados de la incorrecta aplicación de este producto.

En este sentido, la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) advierte de que, pese a tratarse de un procedimiento sencillo, las infiltraciones con toxina botulínica deben ser realizadas solo por expertos.

Únicamente se recomienda inyectar toxina botulínica en el tercio superior del rostro, que incluye el entrecejo, la frente, las cejas y las patas de gallo, así como la boca y el cuello, donde ayuda a eliminar las arrugas transversales que aparecen con la edad.